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"Si conocemos el origen y la historia de nuestro pueblo
tendremos razones para quererlo más y defenderlo mejor."
Oscuros e imprecisos, como los de tantos otros pueblos y ciudades, son
los orígenes de El Cañavate. Ubicado en una de las esquinas de la
mancha, su singular relieve, sus montes, su río y sus vegas,
hacen suponer que los hombres del paleolítico visitaron ya estos
parajes.
En el neolítico, cuando el hombre deja de ser nómada, es más
que probable que en los alrededores de Arca , en la cima del cerro del
Castillejo y en las faldas de
la Rambla
del Agua existiese algún tipo de asentamiento humano o poblado, como
nos lo dan a entender algunas hachas de piedra pulimentada y
puntas de lanzas halladas en estos lugares.
Todos estos hallazgos dejan de ser indicios
y adquieren la categoría de
documento al encontrarse un Cuenco carenado de la edad de Bronce
( 1.500 – 2.000 años a. d. J.C.) depositado
en el museo arqueológico de Cuenca. Esta pieza, que se halló
dentro de un sarcófago de piedra junto
con huesos de gran tamaño y
otros pequeños objetos, fue
encontrada el año 1.963 por unos jóvenes
que en la parte suprior de la conocida Rambla del Agua excavaban
una cueva para cultivar champiñones.

Museo
Arqueológico de Cuenca
Aunque no podamos precisar los años, en las postrimerías de la edad de
bronce o en los inicios del hierro, el la cima del cerro del
castillejo creció,
sin lugar a dudas, un poblado ibérico que, con el tiempo, llegó a
tener cierta importancia. El nombre de este poblado, si es que en
principio lo tuvo, se va a
conocer en los inicios de la dominación romana.
El astrónomo y geógrafo grecoegipcio
Claudio Ptolomeo incluye
este poblado en sus Graduaciones o Tablas Geográficas y lo denomina Istonium.
Quiere esto decir que Istonium fue un poblado
de cierta importancia y consideración, al incluirlo
Galileo en dichas
tablas o mapas.
Miguel
Cortés, en su Diccionario
Geográfico de
la España Antigua
dice que Istonium
significa hito,
amojonamiento o señal divisoria.
Significado que concuerda plenamente con el enclave del poblado,
asentado en la cima del cerro
del Castillejo, un claro hito, una división natural, principio y fin de
la inmensa llanura de la mancha.
También José María Cuadrado
dice que la ciudad romana de Istonium podría identificarse con
El Cañavate y el
historiador Juan Agustín Cean- Bermúdez, en su obra “Sumario
de las Antigüedades Romanas que hay en España”,
corrobora estas afirmaciones y concluye situando la
ciudad de Istonium, en la romana Provincia Tarraconense e
identificándola con el municipio conquense de El Cañavate.
Los abundantes restos de cerámica ibérica, la cantidad y
variedad de monedas, collares, fíbulas
y restos de cimientos de edificaciones, evidencian la existencia de un
poblado en el mencionado
paraje. Estos claros vestigios, atrajeron a avispados buscadores de
objetos antiguos que, impunemente, con detectores de metales,
encontraron prácticamente a flor de tierra infinidad de valiosos
objetos y monedas.
Con
toda probabilidad, este poblado fue posteriormente
ocupado por los visigodos que, al convertirse al cristianismo,
erigirían o aprovecharían la existencia en
la cima del cerro, de algún
templo pagano en el que ya pudieron recibir culto ciertas figuras
o ídolos. “Entre los restos de
una ermita de su distrito – nos sigue diciendo Cean-Bermúdez – se encontraron urnas, sepulcros e ídolos”.
Lugar,
devoción, e incluso ídolos, que pudieron ser
el origen de lo que, algunos siglos
después, serían la
primitiva ermita y la
primitiva imagen de
la Virgen
de Trascastillo.
Varias fíbulas semejantes se encuentran en el Museo Arquelógico
de Cuenca.
Fíbula
Huyendo
de los fríos y molestos aires de las alturas, al amparo del castillo
que, sobre antiguas
ruinas habían edificado, y buscando las fértiles vegas, los árabes
empezaron a construir junto al río sus granjas y a cultivar sus
huertas, regadas mediante acequias o extrayendo
el agua con norias de pozos excavados al efecto.
Las primeras casas crecen a uno y otro lado de una de las puertas
de acceso al recinto del castillo, situadas exactamente unos metros más
arriba de la bifurcación de la calle del Pozo. Otras, por las Garitas
y, pegadas a los cerros,
casi en hilera, se irían prolongando otras por donde actualmente
discurre la carretera, extendiéndose más en la solana que ocupan las
eras.
El
nuevo pueblo va creciendo durante años, lentamente, a ambas márgenes
del río, sin acercárse demasiado por temor a los frecuentes
desbordamientos. Durante los siglos IX o X el pueblo, aldea o
lugar , no sólo ha cambiado de sitio sino que también se conocerá con
otro nombre: Alcanauate.
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